Yoga y Psicología.

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Yoga y Psicología.
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                                                                                             Hatha Yoga como Psicología.


La psicología más antigua del mundo es la del yoga. Se trata de una psicología eminentemente práctica y tendente a la emancipación interior. No es una psicología académica, sino experiencial y de gran profundidad, donde no sólo se conocen los más ignotos mecanismos de la psique humana, sino que se procuran medios para ir saneando el subconsciente y esclareciendo el núcleo de caos y confusión que hay en la propia psique.

El yogui aprende a moverse por los distintos planos y estratos de su mente, a descubrir los condicionamientos internos para agotarlos y resolverlos, a mirar con atención vigilante y observación imparcial en su dimensión interna para explorarla y transformarla. Aprende a mirar y conocer sus estados mentales, intenciones y reacciones. Ensanchando la conciencia y estableciendo una intensa atención vigilante, el yogui escudriña sus interioridades y obtiene un conocimiento vivencial y directo, no conceptual, de sí mismo. Se enfrenta a las latencias de su subconsciente ya las tendencias que las mismas imponen robando libertad interior. Sólo en la medida en que las latencias se van «quemando», la persona se torna más libre y lúcida.

La meditación es como una operación quirúrgica de la mente para reorganizarla en un plano más sabio y armónico; asimismo, todas las técnicas del hatha-yoga, en la medida en que alertan la conciencia, purifican la percepción y «desautomatizan», también son de gran ayuda para erradicar condicionamientos.

El yogui se empeña en el desarrollo de su conciencia y la «limpieza» del subconsciente para desencadenar el conocimiento yóguico o visión cabal, que es propio de la supraconciencia, pues no está sometido a percepciones falseadas o al material desordenado, anárquico y condicionante del subconsciente. No es por casualidad que innumerables psicoterapeutas recomienden a sus pacientes la práctica del yoga o que incluso ellos mismos lo practiquen. En estos últimos años en nuestras aulas hemos comprobado el número creciente de médicos, de las más distintas especialidades, que emprenden la práctica del yoga.

La práctica del yoga nos recentra interiormente y nos permite vivir con equilibrio psíquico en una sociedad desequilibrada. Son muy acertadas las palabras del doctor José A. Calle Guglieri: «Para evitar los efectos desestabilizadores del mundo neurotizado en que vivimos, pensamos que la práctica del yoga o del zen (más adecuado el primero a la mente occidental), unida, si es posible, al cultivo de las artes, puede representar la terapia psicosomática preventiva más natural y eficaz que se le puede proporcionar al hombre actual, en una época en que casi todas las “soluciones” que se le ofrecen son artificiales y, muchas veces, inoperantes».

Como psicología de la realización que es, el yoga nos enseña a recuperar lo más real de nosotros mismos ya conectar con nuestro ángulo de quietud aun en la inquietud general o el desorden social. Por su carácter integrador y armonizante, la práctica del yoga es, como ya hemos indicado, eficaz para la disminución del uso de diversas drogas, como puso en evidencia el gran investigador y fisiólogo Benson, y es así, como explica el psiquiatra Lohmann, «porque el yoga, perfeccionando el control interno, disminuye la ansiedad, fortalece la salud mental y el bienestar y, por tanto, elimina el deseo de alucinógenos».
Después de que él mismo lo practicara a fondo, el doctor De los Ríos-Zarzosa se expresaba así a propósito del yoga: «Francamente es muy consolador para la humanidad que tengamos a nuestro alcance un arma terapéutica tan efectiva, como lo está demostrando, para la lucha contra el estrés, la neurosis de ansiedad, la distonía neurovegetativa, etcétera, pues de no tenerla estaríamos abocados a una sociedad pesimista y en casos desesperada por tan turbulento ritmo de vida que se lleva». La práctica combinada del yoga físico y la del yoga mental armonizan sólidamente la organización psicosomática, y el practicante va recuperando un estado interno de equilibrio que le será no sólo muy gratificante como experiencia interna, sino de indudable utilidad práctica en su devenir cotidiano.


                                                                                                             Namaste.

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