Yerba transgénica: Uruguay, entre la espada y la pared

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Yerba transgénica: Uruguay, entre la espada y la pared
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Yerba transgénica: Uruguay, entre la espada y la pared

Factores externos a la economía uruguaya estarían ocasionando el encarecimiento de la yerba mate. Ante esta coyuntura, el cultivo de una variedad transgénica de la Ilex paraguariensis aparece como una de las posibilidades barajadas por el gobierno.

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 El consumo de alimentos transgénicos se ha tornado, durante los últimos años, en uno de los temas de debate más recurrentes en la sociedad. La polémica aumenta sensiblemente cuando el producto modificado  no solamente tiene un alto valor de consumo material, sino también un elevado valor simbólico. Tal es el caso de la yerba mate, cuyo consumo está tan fuertemente arraigado en las prácticas culturales y la identidad del pueblo uruguayo, paraguayo y argentino.

 Si nos alejamos de la esfera cultural y simbólica para concentrarnos en los números y las cifras, nos encontramos con que Uruguay, con un consumo de 9,1 kilos per cápita al año, es probablemente el principal consumidor de yerba mate a nivel mundial. A este dato, suministrado por la consultora ID Retail al diario uruguayo El País, se le suma otro no menos importante, dado a conocer por el mismo medio: en lo que va del año, el precio del kilo de yerba aumentó un 34% (y téngase en cuenta que esta información fue revelada en el mes de agosto). El encarecimiento del producto está atado a su producción brasilera, que nutre en un 95% al consumo uruguayo. Al parecer, no serían pocos los productores brasileños que optaron por dedicarse al cultivo de soja, más redituable, dejando de lado la producción de yerba. Esto, sumado al aumento del dólar en aquel país, se tradujo en un aumento de los costes de importación. El 5% restante de la yerba que se toma en Uruguay, proviene de Argentina y Paraguay. Aparentemente, las características de estas yerbas no serían las preferidas por los paladares de nuestros vecinos del otro lado del charco; “ustedes le ponen mucho palo”, es a menudo el principal reclamo. La economía global también incide en esta problemática; Washington Baresta, gerente de Monsanto para América latina, mencionó al portal Librumface que “Los grandes productores (Brasil, Argentina y Paraguay) abrieron el mercado asiático y europeo vendiendo a precios siderales el té de mate en saquitos, con mucho éxito. Y ya sabemos qué pasa si a los chinos les empieza a gustar el mate (risas)”.

 Y, como se anticipó, en el medio de todo esto se encuentra la fuerte polémica en torno a los transgénicos, en tanto las características climáticas de Uruguay, que no permiten el desarrollo de cultivos yerba mate en una escala capaz de abastecer al mercado local, estarían impulsando al gobierno a buscar soluciones a través del cultivo de una variedad genéticamente modificada de dicha planta. Baresta reconoció a Librumface la existencia de tratativas entre el gobierno uruguayo y Monsanto para el ingreso una variedad transgénica de Ilex paraguariensis, la cual habría de resistir las condiciones climáticas del país. ”El único efecto que hace diferente a nuestra yerba de las otras, es que el color de su infusión es de tonalidad azulada”, reconoció al portal, y hasta bromeó al respecto: “y sí, ahora van a tener que decir ‘azul como escupida ‘e mate’”.

La disputa entre alimentos producidos naturalmente y alimentos modificados genéticamente parece no tener una pronta resolución. Los ataques van y vienen hacia ambos lados; mientras que muchos partidarios de lo natural condenan la intervención del hombre en el proceso de crecimiento vegetal y animal y los potenciales riesgos que esto acarrea, científicos, investigadores e ingenieros agrónomos acusan a éstos de lanzar críticas sin fundamentos científicos. Algunos apoyan posturas como la del bioquímico español José Miguel Mulet, quién en una nota con El País de España, sostuvo que “es absurdo prohibir los transgénicos cuando es imposible vivir sin ellos”. En un mundo cuya población se estima supera los 7 mil millones de habitantes, la posición de Mulet parece encontrar no pocos defensores, en tanto la demanda de alimentos parece no poder ser satisfecha sin la ayuda de la biotecnología. Así, en el escenario general, nos encontramos con un mundo densamente poblado, cuya propia lógica de desarrollo parece implicar la búsqueda de respuestas cada vez más complejas.

Si volvemos al caso uruguayo, nos encontramos una encrucijada: la nación más matera del mundo no logra desarrollar una producción que pueda abastecer a su mercado interno; tampoco puede afrontar los costos de importación de la yerba. ¿Cuál es la solución? El contexto expuesto aparece como el más propicio para que las empresas dedicadas a la producción transgénica puedan presentarse como portadoras de la única respuesta. Y, probablemente, muchos recibirán esta opción con los brazos abiertos. Pero ¿es verdaderamente el deseo de estas personas tener que volcarse a la producción condicionada por la modificación genética? ¿No es esto, tal vez, el resultado de un arrinconamiento coyuntural?

Cierto es que las condiciones climáticas de Uruguay no favorecen la producción de yerba, pero también es cierto que la provisión de este producto, proveniente del extranjero, ha mermado en los últimos meses debido a dificultades económicas propias de un sistema económico creado por el hombre. Y ante las dificultades creadas por el hombre, parecen ofrecerse únicamente soluciones creadas por el hombre y siempre dentro de la lógica del beneficio y la rentabilidad. Quienes aspiramos a vivir en un mundo mejor a menudo pasamos por alto estas cuestiones previas; preferimos condenar rápidamente la cara visible de estos problemas, llámense Monsanto o como prefieran, ignorando los procesos subrepticios que los generan. Quizás sea hora de que el activismo ecológico bien intencionado adquiera un enfoque holístico de la cuestión ambiental que le permita abordarla también como una cuestión económica, social y cultural, la cual en su conjunto estaría empujando al ser humano hacia todas aquellas actitudes que condena. Quizás solo entonces lograremos triunfos destinados a perdurar en la preservación del medio ambiente.

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