¿Porque un olor puede cambiar mis emociones?

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¿Porque un olor puede cambiar mis emociones?

A pesar de que opera casi a nivel subconsciente, el olfato es el sentido más potente que posee el ser humano. Se estima que la capacidad olfatoria es casi ilimitada y por lo menos podemos reconocer un billón de olores diferentes (1.000.000.000.000 de olores) frente a los 5 sabores que pueden reconocer las papilas gustativas en la lengua, de hecho si no fuese por el olfato las comidas solo sabrían a salado, dulce, agrio o ácido; con sus respectivas connotaciones (muy salado, poco salado), por lo tanto el sabor a manzana se percibe gracias a todas las moléculas olorosas que difunden desde este alimento en la boca hacia bulbo olfatorio ubicado en la cavidad nasal. Así el sabor de la manzana se debe a su olor. No somos conscientes de esto y solo lo notamos cuando estamos resfriado, al inflamarse las mucosas nasales perdemos temporalmente la capacidad de percibir los olores y, por ende, la comida pierde su sabor. A diferencia de los demás sentidos físicos, el olfato es el único que está directamente relacionado con el cerebro, los centros cerebrales conscientes no filtran ni censuran olores. Uno puede cerrar los ojos para no ver, no ingerir lo que no se desea saborear, dejar de tocar una superficie o tapar sus oídos para no escuchar; pero no se puede dejar de respirar para no oler una fragancia. Percibimos un olor cuando algunas moléculas aromáticas penetran la cavidad nasal estimulando las células especializadas que se hallan en la cavidad nasal, los nervios olfatorios transmiten los estímulos al cerebro, donde las señales pasan a lo largo del tracto olfatorio hacía varias zonas del cerebro. Cuando respiramos, las fosas nasales retienen cientos de partículas aromáticas presentes en el aire. El olfato u olfacción es el sentido encargado de detectar y procesar los olores. Es un quimiorreceptor en el que actúan como estimulante las partículas aromáticas u odoríferas desprendidas de los cuerpos volátiles, que ingresan por el epitelio olfatorio ubicado en la nariz, y son procesadas por el sistema olfativo.

Las sustancias odorantes son compuestos químicos volátiles transportados por el aire. Los objetos olorosos liberan a la atmósfera pequeñas moléculas que percibimos al inspirar. Estas moléculas alcanzan el bulbo olfatorio, disolviéndose en su mucosa. Esta estructura consta de tres tipos característicos de células: las células olfativas sensoriales, las células de sostén y las células basales, se dividen aproximadamente una vez al mes y reemplazan a las células olfativas moribundas. Los 20 o 30 millones de células olfativas humanas contienen, en su extremo anterior, una pequeña cabeza con cerca de 20 pequeños filamentos sensoriales (cilios). El moco nasal acuoso transporta las moléculas aromáticas a los cilios con ayuda de proteínas fijadoras; los cilios transforman las señales químicas de los distintos aromas en respuestas electroquímicas. Esta es la única zona del cuerpo en donde las neuronas del cerebro están en contacto directo con el mundo exterior.
Todos los nervios que salen de los bulbos olfatorios generan 2 haz de nervios que se introducen en las regiones centrales del cerebro, en un lugar denominado rinencéfalo o cerebro olfatorio, que desde el punto de vista evolucionista, pertenece a las estructuras cerebrales más antiguas de los vertebrados.
La información olfativa llega a un pequeño lóbulo subcortical con forma de almendra llamado amígdala, encargada de regular las respuestas emocionales de la persona. La amígdala analiza la información y la clasifica como peligrosa o inofensiva, esto en asociación con la información entregada por todos los receptores del cuerpo. Rápidamente la información nerviosa viaja a una zona llamada hipocampo, que está encargada de almacenar los recuerdos. Esta asociación permite que el sistema límbico relacione emociones con recuerdos o viceversa, recuerdos con emociones. De esta manera una vivencia, por ejemplo nuestro primer beso será almacenado como un recuerdo por el hipocampo, con todo el detalle de la información sensorial entregado por la amígdala: luminosidad, sonidos, temperatura… pero en mayor medida los olores percibidos en ese momento… de esta manera si percibimos una aroma a vainilla y la experiencia resulta agradable, cada vez que la amígdala perciba el aroma a vainilla el hipocampo evocara el recuerdo agradable y la sensación será placentera, el hipotálamo enviara una serie de señales a las glándulas endocrinas y órganos del cuerpo, sentiremos un relajo, bajara la presión sanguínea, se producirá una sensación reconfortante. Si por el contrario la experiencia del beso fue desagradable la asociación amígdala-hipocampo generara una sensación de rechazo, se tensaran los músculos, se agudizaran los sentidos, la respiración será apresurada y nuestro organismo responderá con estrés. Todo este proceso ocurre antes que la información sea reconocida por el cerebro, siendo parte de un procesamiento inconsciente, es decir la persona aún no sabe que es lo que está oliendo. Estudios realizados recientemente demuestran que incluso cuando una persona no sabe que está oliendo un determinado aroma, se producen en ella, la reacción nerviosa del sistema límbico y, por lo tanto, una modificación en las emociones.
Luego de esto la información olfativa es enviada a la corteza cerebral y es interpretada de manera consiente por el cerebro, con lo cual nos damos cuenta que estamos oliendo vainilla. De esta manera no tenemos acceso consiente al efecto que provocan los aromas en nuestras emociones y en el funcionamiento de nuestro organismo, por esto muchas veces ni siquiera sabemos el porqué de nuestra reacción de desagrado ante un determinado olor.


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