¿Por qué no podemos dejar de mentirnos a nosotros mismos?

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¿Por qué no podemos dejar de mentirnos a nosotros mismos?

Seguramente te ha sucedido a ti. En alguna conversación has contado una anécdota sólo para ser corregido por algún amigo tuyo diciéndote que no sucedió así, incluso para recordarte que tú no estabas ahí, sino que alguien más te lo había contado. Ese error no se trata de un intento tuyo por apropiarte de una historia, sino de las mentiras que vives en relación a tu pasado. 


No se trata de un pensamiento negativo que reafirmamos y que no nos deja ser la persona que deberíamos ser. No, la realidad es que nos mentimos a nosotros mismos porque así es como vemos la realidad, así funciona nuestro cerebro y así es como logramos que nuestra memoria recuerde tantas cosas. A pesar de que el presente es objetivo en acontecimientos, al verlo en retrospectiva, todo es completamente subjetivo. 

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Vivimos a través de historias que nuestro cerebro forma para llenar los huecos que nuestra memoria es capaz de mantener. Muchas de las cosas que creímos que sucedieron, en realidad nuca pasaron, por lo menos no como nosotros lo pensamos, vivimos una mentira perpetua que nos ayuda a vivir con la mayor coherencia posible. 


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Esto es algo que sucede gracias a la forma en que nuestro cerebro trabaja. Los hemisferios controlan nuestra memoria, nuestros pensamientos y hasta el lenguaje que utilizamos; parecería que tenemos un cerebro, pero prácticamente cada hemisferio trabaja por separado, comunicándose uno con el otro para completar el trabajo que nos hace ser nosotros. Al estudiar el cerebro de esa forma, psicólogos y médicos han descubierto que de invalidar un hemisferio, las personas pueden llegar a leer la palabra "camión" y no tener idea de qué es lo que significa esa palabra.

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  • Trabajando de forma correcta, los dos hemisferios intercambian información y cuando hay huecos, los rellenan de forma que pase inadvertido para nosotros, pero no siempre podemos confiar en esos recuerdos. Existen padecimientos extraños que demuestran la fragilidad de nuestra realidad. 

El síndrome de Korsakoff es un tipo de amnesia en el que la gente no recuerda los últimos acontecimientos, pero sí el pasado lejano. El problema es que para sobrellevar esto y no colapsar, el cerebro rellena los huecos creando historias falsas que la persona cree completamente para no confundirse más. Por ejemplo pueden decir que trabajaron todo el día en el hospital en el área de maternidad cuando en realidad han sido pacientes del hospital durante todo ese tiempo. 

Existe el síndrome de Capgras, en el que la gente cree que sus amigos y familiares fueron reemplazados con impostores. No se trata de una teoría de conspiración, su cerebro, sabe que son esas personas, pero tampoco les permite ver la realidad objetiva, así que crea historias para sustentar su fantasía. También está el síndrome de Cotard en el que la gente en realidad cree que está muerta y que es un espíritu. Un síndrome tan grave que muchas de las personas que lo padecen mueren de hambre poco tiempo después. 

Nunca dejaremos de mentirnos a nosotros mismos, es algo imposible y siempre sucederá. Sin embargo, la mejor forma de evitar caer en esas trampas de la memoria es ejercitándola. Mantén tu mente sana con ejercicios mentales que la fortalezcan, pero también aléjate del consumo excesivo de alcohol o drogas, que pueden perjudicar tu memoria a corto y largo plazo. 

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