¿Por qué hay aves rapaces en la ciudad?

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¿Por qué hay aves rapaces en la ciudad?
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Pareja de caranchos (Caracara plancus) en los bosques de Palermo, Buenos Aires. Foto: Ulises Balza

Hay algunos animales que viven en la ciudad a los que estamos bien acostumbrados: ratas, palomas y cucarachas suelen ser muy comunes en la mayoría de las zonas urbanas del mundo, y ya no nos sorprenden demasiado. Sin embargo, y cada vez con más frecuencia, otras especies son detectadas: algunas aves rapaces alcanzan gran tamaño y pueden provocar distintas reacciones al que las observa por primera vez, desde fascinación hasta temor. 

Una diferencia fundamental entre ratas, cucarachas y (la mayoría de las especies de) palomas, y caranchos, jotes, halcones o lechuzas, es que las especies del primer grupo son originarias de otras zonas (normalmente de Europa) y se desperdigaron por todo el planeta a medida que la cultura occidental fue llegando a cada rincón del mundo. Las otras especies, novedosas para muchos, son en la mayoría de los casos aquellas que ya habitaban el área de lo que ahora es una gran ciudad, y han logrado resistir a un brutal cambio de escenario.

La modificación de los ambientes naturales por otros rurales o urbanos es uno de los mayores problemas de conservación que enfrenta actualmente la humanidad. A medida que los hábitats naturales son modificados o destruidos por completo, miles de especies (incluso muchas desconocidas) se pierden para siempre. Es por eso que en una reserva natural, un parque nacional o cualquier otro ambiente menos alterado que uno urbano, normalmente vamos a ver muchas más especies de cualquier grupo ya sean aves, mamíferos, insectos, o lo que se les ocurra de seres vivientes.
Sin embargo, no es conveniente analizar la diversidad únicamente en función de cuántas especies hay, sino que es fundamental ver cuáles especies existen. De esa manera, algunas especies pueden ser muy sensibles y pequeñísimos cambios en su ambiente natural (por ejemplo, la introducción de una especie de pasto africano en las pampas argentinas para mejorar la producción) pueden provocar que ésta desaparezca de ese lugar, lo que se denomina una extinción local. Otras especies, en cambio, se pueden ver beneficiadas hasta por cambios ambientales severos, como el emplazamiento de una metrópoli de millones de personas. En suma, los cambios en el ambiente son malos para la mayoría de las especies y buenos sólo para unas pocas, pero esas pocas pueden ser tan llamativas como un águila o un buitre.

Algunas aves rapaces se acercan a las ciudades porque éstas pueden tener concentraciones anormalmente grandes de sus presas, como (justamente) ratas o palomas. Sin embargo, las rapaces que viven en la ciudad tiene problemas para encontrar lugares aptos para reproducirse, o pueden tener mayor prevalencia de ciertos patógenos que no existen en ambientes naturales. Las rapaces que viven en la ciudad suelen ser especies muy plásticas, es decir, que se adaptan rápidamente a los cambios ambientales y por eso la mayoría de ellas no están en peligro de extinción.
La basura de la ciudad es una importante fuente de alimento para muchas especies carroñeras, como los chimangos (Milvago chimango) en Argentina y Chile, los jotes negros (Coragyps atratus) en Lima y muchos grandes buitres (Gyps sp.) en ciudades de la India. Otros, sin embargo, son cazadores especializados, como el halcón peregrino (Falco peregrinus) que se reproduce en muchas ciudades de Estados Unidos, y que migra en el verano austral hacia Sudamérica, donde también se pueden observar en las grandes ciudades. Especies grandes como águilas moras (Geranoaetus melanoleucus) son comunes en varias ciudades del sur de Argentina. Varias especies de lechuzas viven en muchas ciudades de Sudamérica, pero como están activas principalmente de noche es más difícil encontrarlas. Y la lista sigue...

Las rapaces en las ciudades, a pesar de que muchas veces son de gran tamaño, no representan ningún riesgo para las personas o animales de compañía, y merecen ser conocidas y respetadas. Son animales fascinantes y es un gran privilegio poder observarlos. 

¿Cómo y dónde?
Realmente lo único necesario para empezar a descubrir estas aves es mirar, mirar y mirar. Muchas especies son fáciles de ver en vuelo y no llaman la atención porque simplemente muchos creen que todo lo que vuela por la ciudad es una paloma. Lograr identificarlas puede ser frustrante al principio, pero en todos los países existen guías de identificación, cursos y recursos online para aprender más. En Argentina, la ONG Aves Argentinas (www.avesargentinas.org.ar) ofrece libros y revistas, salidas de observación y realiza permanentes capacitaciones para iniciarse en la observación de naturaleza y muchos clubes de observadores de aves existen a lo largo y a lo ancho de todo el país. La cantidad de especies que se pueden ver en una zona puede ser algo abrumador al principio: 20 especies diferentes han sido registradas en la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo. Sin embargo, las más comunes son sólo 3 ó 4. Conociendo esas primero será más fácil conocer las nuevas cuando se esté frente a ellas.




Un caburé (Glaucidium brasilianum) en una plaza en Buenos Aires. Aunque muy comunes, son muy difíciles de detectar por su pequeño tamaño. Foto: Ulises Balza
Etiquetas: aves, ciudad, ciudades
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