Permacultores o Transicionistas?

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Permacultores o Transicionistas?
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Cuando me definen como Permacultor, me apuro en aclarar que no lo soy y que no me cabe tal calificación. Y esto no es porque no comulgue con sus principios y objetivos, aunque sí tengo serias diferencias con los métodos. En algún momento, un airado crítico del método de armado de techos verdes que utilizo me calificó como “pseudopermacultor”. Y me ocupé muy bien que no soy ni siquiera un pseudo nada. Soy un Transicionista. Con todas las letras y a mucha honra.

Entiendo que la Permacultura es un ideal hacia el cual hay que caminar. Es una utopía a la que, no sé si vamos a llegar o no algún día. Podríamos compararla con el Socialismo. Es un Norte, un rumbo, pero no un punto alcanzable totalmente. Porque aún los más fervientes defensores de la Permacultura, deben hacer compromisos, como debieron hacer los socialistas. Y ese es el punto clave: los compromisos. El fundamentalismo, no cabe, sencillamente porque no es posible.

¿Imaginan ustedes multitudes de gente abandonando las ciudades y trabajos y yendo a vivir al campo, en casas de tierra, iluminándose con tenues luces LED, comiendo verduras plantadas en huertas orgánicas y usando baños secos? ¿Suena difícil, verdad? Porque lo cierto es que ni las incipientes ecovillas visitadas por cientos de entusiastas aspirantes han conseguido crecer y desarrollarse. Los casos exitosos son pocos y son superados largamente por los fracasos.

Las razones pueden ser muchas pero me atrevo a agruparlas en una: no estamos preparados para tal cambio cultural. Es muy fuerte para nosotros.

Estamos despertando de un sueño no muy largo, pero bastante pesadillezco. En pocos años la degradación y la sobre explotación de recursos fue impresionante. Y no todos lo hacen a la misma velocidad ni con el mismo grado de lucidez. A algunos, les toma un buen rato tomar control total de sus funciones.

Y esto hay que tenerlo en cuenta. Como dije en alguna oportunidad, no creo en las revoluciones, sino en las evoluciones. La Historia lo demuestra. Los cambios que se producen en el marco de una revolución suelen ser fácilmente reversibles. Los que resultan de una evolución no.

Mientras evolucionamos y nos dirigimos más lento o más rápido hacia la Permacultura, deberemos entonces hacer compromisos, propios de la mutación, de la transición que estamos viviendo.

Así que, olvidemos los cambios radicales y comencemos por los más pequeños, pero factibles. Si vamos a vivir en una ciudad, como la gran mayoría de la gente lo hace, seamos permacultores urbanos, es decir, transicionistas.

¿Qué quiere decir esto? Pues tomemos consciencia de cada cosa que hacemos, de cómo la hacemos, de cómo afecta al entorno y tratemos de minimizar nuestro impacto personal sobre el conjunto.

Y si bien ya mucho se ha hablado de cómo lograrlo. No está de más recordarlo.

• Ahorrar energía en casa, apagando luces que no usamos.
• Si estamos por cambiar un electrodoméstico, comprar uno que nos garantice la máxima eficiencia energética.
• Ahorrar agua y recolectar la de lluvia, si es posible.
• Mejorar los aislamientos térmicos de los muros exteriores y techos. Eso ahorrará gas.
• Usar los tiros balanceados sólo en las habitaciones chicas y especialmente en dormitorios y baños. Pero en las salas, usar tiro común. Eso también ahorra gas.
• Lavar la ropa con agua fría, a no ser que sea imprescindible.
• Burletear todas las aberturas que no cierren bien.
• Compostar la basura orgánica. Algo al menos, si es posible.
• Reciclar todo lo reciclable. Llevar a los puntos de colecta.
• Ambas medidas reducirán mucho el volumen de residuos domiciliarios.
• Usar el transporte público.
• Caminar, andar en bicicleta y usar poco el auto. Es más barato y más sano.
• Si se cae o se corta un árbol en la vereda, insistir que se sustituya por otro.
• No pintar las fachadas Este, Norte y Oeste con colores oscuros, sino claros.

Y muchas otras pequeñas grandes cosas más. Si podemos avanzar y hacer un techo, una terraza o un muro verde, mejor. Y si sustituimos un patio de baldosas por césped, mejor. Y si hacemos una pequeña huerta orgánica, mejor.

No es lo dramático de los cambios a realizar, lo que puede salvar este planeta, sino lo masivo. Porque si muchos, muchísimos hacemos estas cosas, les aseguro que la aguja se mueve en el sentido en que queremos.

No debemos renunciar a nada, sino cambiar el cómo. Ese es el secreto.


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