Otra ambientalista asesinada en Honduras

1.2K
Otra ambientalista asesinada en Honduras
1.2K

El 2015 fue el año con el récord más alto en asesinatos de activistas de todo el mundo. Pero si las cosas siguen como hasta ahora, el 2016 podría superarlo. La violencia hacia quienes dedican su vida a proteger el planeta, muchas veces luchando contra grandes grupos y empresas que manejan los hilos económicos del mundo, es cada vez más pronunciada. 


En marzo de este año fue asesinada Berta Cáceres, activista hondureña perteneciente a la comunidad originaria "Lenca". Berta encabezaba el movimiento en contra de la instalación del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca en el río Gualcarque. Su campaña había logrado que la compañía de propiedad estatal china Sinohydro y la Corporación Financiera Internacional, institución perteneciente al Banco Mundial, abandonaran su respaldo al proyecto que comprometía ese río, considerado sagrado por las comunidades de la región y vital para su vida.

Ahora fue el turno de Lesbia Yaneth Urquía, compañera de Berta en esa misma causa, quien tras la muerte de su amiga no abandonó la lucha por la defensa del ambiente y en contra de la extracción ilegal de recursos naturales. 


Asesinato de Lesbia Yaneth Urquía

Tanto Lesbia como Berta eran parte del Copinh (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras). El Consejo se pronunció sobre el asesinato de Lesbia y responsabilizó del crimen a “las fuerzas militares, policiales y a todos las instituciones gubernamentales” de su país. Según declararon, estas organizaciones amenazan constantemente a quienes se organizan en contra de los proyectos hidroeléctricos en el departamento de La Paz.

Lesbia tenía 49 años y era madre de tres hijos. Cuando fue asesinada, había salido a andar en bicicleta. Su cuerpo fue encontrado en un basurero a 100 kilómetros de Tegucigalpa, la capital hondureñas, en donde vivía. Tenía una herida abierta en la cabeza, como si hubiera sido golpeada con un machete.

Asesinato de Lesbia Yaneth Urquía

Existe una razón clara para sospechar que su asesinato se debió a su lucha por el ambiente y por las tierras de su comunidad: la enorme cifra de muertes violentas de ecologistas hondureños. Según la organización Global Witness, 114 de ellos fueron asesinados en los últimos 10 años en ese país.

La mayor parte de los casos de violencia contra los ambientalistas de Honduras y del mundo sigue impune. Hubieron pocas excepciones, como la del ecologista puertoriqueño Jairo Mora, quien trabajaba en la protección de animales en peligro como la tortuga baula, cuyos caso fue resuelto y sus asesinos fueron condenados a 338 años de prisión en conjunto.

Sin embargo, a pesar de que la violencia es evidente, de que los activistas se encuentran desprotegidos y de que cada poco tiempo se agregan a la lista nuevas víctimas fatales; es insuficiente la difusión que el tema recibe en los medios de comunicación, y las acciones al respecto son casi inexistentes. 

Fuentes:
Comentarios