Los padres ante la agersividad de los hijos

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Los padres ante la agersividad de los hijos

Agresividad infantil

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un objetivo diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.


¿Qué es importante saber sobre agresividad?
La agresividad puede ser física o verbal. No todos los niños que manifiestan agresividad verbal pasan a la física, pero, ambos tipos están fuertemente relacionados. Si no se controla pronto, la agresividad del niño afectará negativamente en su desarrollo. Pudiendo desembocar en un comportamiento violento cuando crezca. El niño agresivo no se encuentra a gusto consigo mismo ni con los demás presentando dificultades en las relaciones sociales. Controlar el comportamiento agresivo no quiere decir volver pasivo e indefenso al niño. Como la mayoría de comportamientos agresivos son aprendidos, pueden aprender a actuar de forma no agresiva.  

¿Qué puede provocar conductas agresivas en el niño?

No hay un solo factor en el detonante de la agresividad, sino la unión de varios. A saber: 
- Tipo de sociedad: La sociedad actual promueve la agresividad y la competitividad individualista. Este tipo de mensajes cala en los niños y adolescentes.         
- Entorno social: El niño aprende del entorno y es fácil que cuanto más agresivo sea, más cosas consiga reforzando esas conductas agresivas.          
- Medios de comunicación: La televisión tiene mucho contenido violento y si está fuera del control de los padres, puede ser una mala influencia.        
- Factores biológicos: Hay, evidentemente, factores fisiológicos que pueden desencadenar una mayor tendencia a las conductas violentas.        
- Relaciones familiares: Las relaciones entre miembros de la familia son muy importantes en la producción de la agresividad. Si los padres son agresivos con el niño facilitan que su hijo se relacione de forma agresiva con los demás.         
- Estilo de educación: Tanto unos padres negligentes como una educación excesivamente estricta puede desencadenar conductas agresivas en los niños y adolescentes.        
- La edad: Las conductas agresivas de los niños son frecuentes y hay que controlar un poco como se manifiestan para que no se acentúen con el crecimiento. En la adolescencia puede llegar a desembocar en comportamientos violentos.

¿Cómo prevenir la agresividad?
He visto en numerosas ocasiones en mi consulta que se debe resaltar la importancia del ambiente familiar y la forma de relacionarse en casa para la prevención de conductas agresivas. Se recomienda el uso de un lenguaje correcto, para mostrar el desacuerdo de forma pacífica y respetuosa. Es importante enseñar a poner en palabras las emociones y sentimientos porque le permitirá reducir la ansiedad. Premisas como: Sabemos que estás enfadado. ¿Qué es lo que te enfada? ¿Qué crees que te haría sentir mejor?

Es importante que entienda que el enfado es natural, a veces ocurre. Pero se debe controlar y expresar de forma adecuada. También evitar que vea programación de contenido violento no apto para su edad y sin supervisión paterna. Puede que tienda a imitar formas violentas como actos normales por culpa de los cánones violentos de la televisión. Si se da una situación violenta ajena, podéis aprovechar para mostrarle que esa no es la forma de solucionar las cosas (Televisión, agresiones en la calle, cualquier ejemplo espontaneo vale) y aprovechar para enseñarle alternativas saludables. La práctica de deportes por ejemplo, es una buena forma de encauzar su energía. Los más recomendables son los que además de canalizar su energía le enseñen a respetar las reglas del juego y al adversario, no incidir en la cara más competitiva del deporte. Es recomendable que el niño practique actividades en grupo con otros niños para que aprenda a trabajar en equipo. Además de transmitir a vuestro hijo que la agresión no es la forma de comunicarse, le debéis de enseñar a defenderse y a no aceptar la agresión de los otros. Si aprende a defenderse no asumirá el papel de víctima. Confiará en sí mismo y podrá afrontar la agresión de los demás poniendo límites. Es importante que enseñéis a vuestro hijo a quererse y aceptarse tal y como es para que tenga un buen concepto de sí mismo. Aunque no es recomendable que presencie conflictos entre vosotros, a veces es inevitable. Intentad explicar que a veces discutís y resolvéis vuestros conflictos dialogando. Si notáis que se crea una situación conflictiva con vuestro hijo, intentad mantener la calma. Y si no pudierais, recurrir a salir de la habitación para más tarde volver y plantear buscar una solución.

¿Cómo actuar ante la agresividad? Es importante que desde pequeño corrijáis las conductas agresivas del niño. Desde insultar, a hacer daño a otras personas o animales. Es fundamental que ambos tengáis la misma opinión respecto a las conductas agresivas. Evitad prestar atención cuando de pequeño diga alguna palabra subida de tono. Porque a veces os hará gracia y otras le reprochareis que la use y eso le desconcertará. Si le escucháis insultar, decidle que eso no se hace, pero sin gritarle. Si le escucháis algo parecido a “Es idiota, me ha cogido…” le podéis decir que muestre ese mismo enfado, pero usando unas palabras más adecuadas. Ayudad a controlar el enfado de vuestro hijo poniendo límites, dejadle claro que no consentiréis que golpeé o insulte: “Sabemos que estás enfadado, pero no vamos a consentir que pegues… Hoy no verás la tele”. Aunque debéis recriminar las conductas agresivas, también es imprescindible reforzar las conductas no agresivas. Si utilizáis excesivamente el castigo podéis provocar el efecto contrario. Cuando esté “no agresivo” decidle lo bien que os sentís cuando se comporta así. Cuando regañéis a vuestro hijo porque ha agredido, centraros en esa conducta específica que está mal, no lo descalifiquéis a él como persona con premisas como “Qué malo eres”, sino más bien “Eso está mal”. Evitando así que se identifique con el rol de “Niño malo”. Debéis prestar especial atención a los avances que hace. Si notáis que está esforzándose en cambiar o comportarse mejor, evitad hacer referencias al comportamiento anterior. Aunque vuelva a realizar alguna conducta violenta. 

Controlar el comportamiento agresivo del niño con castigos físicos, lejos de ayudar a prevenirla, acentúa las conductas agresivas en él. Es importante que no sólo le prestéis atención cuando hace conductas agresivas. Porque aprenderá que es la única forma que tiene de conseguir atención. Si las conductas agresivas de vuestro hijo van en aumento y no os sentís incapaces de controlarlas, buscad ayuda profesional.

Autor:
Nuestro Psicólogo en Madrid - Gerardo Castaño Recuero.      

La agresividad en los niños
Etiquetas: infancia, psicología
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