Laudato Si, un llamado de Amor

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Laudato Si, un llamado de Amor
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Foto: Juan Manuel Burgos

El Papa Francisco nos recuerda en su encíclica que todo esta conectado. Que el libro de la naturaleza es uno e indivisible, que nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo esta constituido por los elementos del planeta.

Que somos parte de la Red de la Vida.
Es por esto que nos invita a reconocer que formamos parte de un sistema mucho más complejo de lo que considerábamos.
La creencia de que somos seres absolutamente libres e independientes de aquello que nos rodea, que ocupamos un lugar central en el diseño de la realidad y que por esta razón podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, esta siendo insostenible.
Tenemos que aprender a salir de las cavernas de nuestras construcciones mentales y aceptar la telaraña de conexiones de la que formamos parte. Para este proceso de transición es fundamental que nos sensibilicemos ante el funcionamiento de la vida misma. Somos parte de un ecosistema donde el primer eslabón de la cadena es el suelo, lleno de vida microbiana y nutrientes, que son sintetizados por las plantas que alimentan a los herbívoros, estos a su vez alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan importantes cantidades de descartes orgánicos que retornan en forma de abonos, para dar lugar a nuevas generaciones de vegetales. Somos Inter-seres. Estamos entrelazados. Todas las criaturas están conectadas y cada una debe ser valorada por la función que ejerce en el conjunto.
Para pensar en la sustentabilidad es importante entender el funcionamiento de los sistemas vivos, que se sostienen sobre el patron básico de la Red, donde la energía fluye a través de ciclos. La naturaleza es la conjunción de la física, la química y la biología. Es una integración del todo. Debemos observar este funcionamiento de rítmo sistémico, en nuestro interior y en el entorno, sentir la entropía de la vida, el armar y desarmar de la materia, la constante transmutación de las energías.
No hay un inicio, no hay un fin, todo va en espiral, todo es caos, diversidad y creatividad.
Si nos proponemos mirar con estos nuevos ojos, los futuros diseños humanos serán realmente sustentables y en consonancia con la naturaleza. Los seres humanos debemos respetar las leyes naturales y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo, por nuestro propio bienestar y el de nuestra Madre Tierra.
Si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe el cuidado y el amor surgen de modo espontáneo. Necesitamos conectarnos con la esencia de lo humano, para apelar a una nueva inteligencia vincular, que pueda dar lugar a la evolución de nuestro predador interior.
Tenemos que renunciar a percibir la realidad como mero objeto de uso y dominio. Las conexiones entre los elementos de un sistema son más importantes que los elementos en sí mismos.
Hasta este momento de la evolución humana hemos desarrollado una inteligencia tecnológica que nos permite construir formas con muchísima habilidad, pero carecemos casi por completo de inteligencia vincular.
La humanidad ha ingresado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada. Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio, de avances y progresos tecnológicos inimaginados. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que tengamos la inteligencia integral que se require para utilizarlo correctamente, sobre todo si consideramos nuestro camino hasta aquí.
La inteligencia tecnológica intenta controlar tanto los elementos de la naturaleza como los de la existencia humana.
El problema contemporáneo se trata de la interioridad del Ser. De saber utilizar ese inmenso crecimiento tecnológico con responsabilidad, valores, conciencia. Es hora de que tomemos este desafío, estamos obligados a aprender a vincularnos: nuestra supervivencia depende de ello.
Por primera vez nos encontramos en una situación sistémica que no puede simplificarse con un pensamiento binario y la presión es sobre todo ecológica, “nuestra casa está hablando”, necesitamos reconocernos como terrestres.
Es necesario que se despierte una sensibilidad que nos permita ver en forma directa, que estamos intimamente ligados a los árboles, a los ríos, al océano, y a los animales. Que formamos parte del mismo tejido, que somos variaciones de la misma inteligencia planetaria. Una sensibilidad que nos permita registrar la magnitud de las heridas que nos hemos inflingido mutuamente a lo largo de los milenios en que no supimos reconocernos como miembros de una misma especie, como organismos de un mismo planeta. Es el sistema Tierra el que require de una mayor sensibiildiad e inteligencia para articular creativamente la diversidad y complejidad de organismos en los que se ha desplegado.
Francisco nos invita a construir una Solidaridad Universal Nueva y para esta tarea todos somos importantes y necesarios, cada uno de nosotros desde su lugar, con sus dones y talentos únicos. El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos por eso la regeneración ambiental implica una regeneración en el tejido social. Un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, para escuchar el dolor de la tierra como el de los pobres y desamparados. No podemos sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano.
“Una ecología no puede ser pensada sin una antropología”

Luz Delorenzini
Co-Fundadora Activate

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