Huertos, una vía hacia la Transición

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Huertos, una vía hacia la Transición
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Huerta de pallets en Palermo.

Las personas que vivimos en ciudades estamos acostumbradas a adquirir la mayoría de los alimentos que necesitamos en las grandes tiendas y supermercados. La secuencia podría ser la siguiente: de la góndola de verduras iluminada por tubos blancos que convierten el entorno en un lugar ascéptico y seguro, elegimos unos tomates paquetizados con plástico y telgopor, completamente artificiales, llenos de veneno y exhibidos como mercancía.


Esta costumbre instalada en la sociedad de consumo, de mercantilizar todo, hasta la comida, nos hizo alejarnos de momentos de nuestra historia donde las personas estaban más conectadas con la naturaleza y producían sus propios alimentos en huertos familiares o comunitarios.

Practicaban cultivar la tierra como una forma de entender su papel ciudadano.

Detrás de todo huerto se esconde la maravillosa experiencia de sentirse participe activo de un proceso natural mediante la posibilidad de vincularnos con nuestro entorno y que de esa interacción se obtengan los alimentos que soportan nuestra salud vital.  ¡Que divina y poderosa coreografía!

La vida nos invita a esta danza para que nos adentremos en las profundidades del suelo, hundiendo las manos en la tierra fresca, sintiendo su estructura, entendiendo que ella es el intestino de la huerta, donde la microbiología en su interacción con la materia orgánica deja solubles los minerales para que las plantas los absorban y se fertilicen.
Vemos crecer nuestras hortalizas bajo el rayo de la energía solar, y empezamos a entender la química de la planta y como ella transforma energía en proteínas que pronto llegarán a nuestro estómago para volver a ser metabolizadas.
Vemos desplegarse ante nuestro ojos “el armar y desarmar constante de la vida”. Esta experiencia íntima regenera la vivencia de sentirnos parte de una red, de sentir todas las conexiones que se producen en un ecosistema, como la huerta.

Cuando producimos nuestros alimentos nos volvemos mucho más conscientes y agradecidos por las bondades que la tierra tiene para darnos y enseñarnos. Experimentar la explosión de frutos que nos puede dar una planta de zapallitos, calabazas, o tomates, cuando sabemos como nutrirla y cuidarla, es asombroso. Estar en contacto con la abundancia de víveres (¡recuperemos esta palabra!) que la naturaleza nos puede dar es un suspiro lleno de esperanzas frente al hambre del mundo producto de los agro-negocios basados en insumos, venenos, transgénicos y monocultivos.

Hacer un huerto es una práctica sencilla y poderosa que tenemos que ir a recuperar del tiempo de nuestros abuelos inmigrantes, quienes solían tener en el fondo de sus casas, las "quintas" que los proveían de gran parte de sus alimentos. Es cuestión de querer pasar unas horas al aire libre, generando las condiciones adecuadas para que nuestros cultivos crezcan sanos, fuertes y nutritivos, del resto se encarga la propia naturaleza y el tiempo de la tierra.

¡Todos somos Manos Verdes!

SUELO. Se comienza trabajando el suelo, regenerando la tierra que tengamos con compost o abonos orgánicos de calidad para asegurarnos la nutrición de la misma. La materia orgánica, los minerales y la microbiología son fundamentales para la vitalidad de nuestros suelos.Podemos trabajar en algún sector de nuestro jardín, en macetas, en cajones de plástico, de telgopor o reutilizando cualquier contenedor que encuentres. ¡Dale rienda suelta a tu imaginación!

SEMILLA. El tiempo de la siembra es el momento donde elegimos que comeremos. Empezando con el fin en mente, pensamos en la diversidad de alimentos que nos gustaría saborear. Seleccionar semillas de diferentes hortalizas nos conecta directamente con nuestra alimentación, con nuestras preferencias, con re-apropiarnos de nuestra salud y elegir responsablemente que alimentos incorporamos en nuestros platos.

DESARROLLO. Luego que la semilla toque tierra es cuestión de detenernos a observar el crecimiento de nuestro huerto, de regarlo y cuidarlo. Disfrutar de la visita de los insectos, mariposas, abejas que pronto serán atraídos por aromas y colores, de sentir la sutileza de los movimientos imperceptibles de las plantas, de ver el abrirse de una flor. Estos son momentos llenos de aprendizaje sobre procesos vitales y despliegue de energía. ¡Encontrarás en la naturaleza una hermosa maestra!

COSECHA. El tiempo de la cosecha es una fiesta y se anuncia luego de la floración, cuando el fruto se va formando “como por arte de magia”. Seguir de cerca el desarrollo de una berenjena, de un haba o de un tomate es verdaderamente una bendición. La sensación que produce la recolección en familia de hortalizas producidas por nuestras propias manos excede toda pretención de ser descripta con meras palabra.

Nutrirnos a nosotros mismos

Una canasta llena de alimentos diversos, sanos, ricos y sin venenos es el regalo que llega a nuestra mesa para compartir en familia y con amigos.

Una alimentación sana y equilibrada a base de hortalizas mineralizadas es sinónimo de Salud.
La enfermedad comienza con un desequilibrio mineral en nuestro cuerpo, por lo tanto asegurarnos una dieta llena de minerales diversos es fundamental.

Cuando somos productores de nuestros alimentos entendemos que los nutrientes del suelo están completamente vinculados a los nutrientes de las hortalizas, y por lo tanto a los nutrientes que mi estómago recibirá para gozar de buena salud. ¡Una vez más, la maravillosa cadena de la vida misma!

Honrar la naturaleza, la tierra, los procesos. Sabernos vivos es la mejor forma de nutrirnos y el huerto familiar es un escenario casi inmejorable para poder experimentarlo y compartirlo.
Darnos de comer, como lo hacía mamá, como lo hacía la abuela. Darnos nuestro mejor alimento, el que se produce con las manos dando y el corazón recibiendo.

Pedagogia del Consumidor

Ser habitantes de ciudades nos convierte a la mayoría de las personas en seres meramente consumidores.
Dependemos de un sistema para poder satisfacer nuestras necesidades básicas.
Nuestra alimentación depende de una larga cadena de producción y comercialización basada en el petróleo (insumos, químicos, venenos, transporte, entre otros) y muy poco sabemos de ella.
Acostumbrados a tener dinero para ir a la tienda y elegir las verduras más brillantes. ¡A quien le importa de donde vienen!

Es importante reflexionar sobre esto y responsabilizarnos ante nuestro lugar de consumidor. Elegir los alimentos que queremos comer, a quién se los queremos comprar, conocer de donde vienen, como fueron producidos, son decisiones que tenemos que tomar con firmeza para retomar el curso de una agricultura regenerativa de la tierra y de los lazos sociales.
Mirarse a los ojos con los pequeños productores y tomar su manos fértiles en gesto de agradecimiento es una forma de sanarnos como humanidad.

Demos el salto, usemos nuestro poder ciudadano y activemos un huerto en casa, es una manera creativa, natural y sencilla de responder al mercado de alimentos.
El simple acto de cosechar desde una hierba para el mate, como una hoja para la ensalada y hasta una calabaza para la sopa nos puede mostrar un futuro más justo, equitativo y feliz.


Luz Delorenzini

Activate Compostera
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