Ciudadano sostenible, el tipo de persona que requiere el mundo.

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Ciudadano sostenible, el tipo de persona que requiere el mundo.

En tiempos en que el propio Stephen Hawking sugiere en the Oxford Union debating society que el ser humano no sobrevivirá otros 1,000 años a menos que busquemos otro lugar en el espacio para emigrar, deberíamos reconsiderar nuestros hábitos de consumo.


Estamos sumergidos en un mundo de consumismo, ya que desde pequeños se nos bombardea con publicidad en la que se nos hace creer que necesitamos cosas materiales para cubrir nuestras carencias afectivas y emocionales. Se nos hace creer que las cosas son desechables, tiramos lo que podría durar mucho tiempo más o que podríamos reciclar. Se producen objetos de mala calidad con la intención de que no duren mucho y debamos cambiarlos cada determinado tiempo.

 Vivimos en un sistema que produce desmedidamente sin importarle las consecuencias, solo finge que se preocupa y firma tratados internacionales en materia de medio ambiente que no son suficientes y donde la potencia más grande, con un presidente electo que no cree en el cambio climático, ni siquiera participa.

Es tiempo de considerar frenar el cambio climático nosotros mismos, los ciudadanos, porque ni el gobierno ni las corporaciones lo harán. Nuestra sociedad tiene la idea de que poseer determinadas cosas te da cierto nivel o te hace pertenecer a algún grupo. Para aprender a vivir con lo mínimo indispensable sólo necesitamos restarle importancia a la opinión de los demás y rodearnos de personas a quienes no les laven el cerebro con productos maravilla o de moda.

Ser ciudadanos sostenibles es en primer lugar no adquirir cosas que no necesitamos, no caer en ofertas engañosas ni en trampas publicitarias. Antes de comprar hacernos las preguntas: ¿en realidad lo necesito? ¿afectará mi vida de alguna forma el no tenerlo?. Partamos de la premisa de que si necesitáramos de algo para poder vivir, habríamos nacido con el.

Apliquemos el concepto de “consumo colaborativo”. Hay objetos que en algún momento podemos necesitar, pero la mayor parte del tiempo no, por ejemplo, el tiempo total que una persona utiliza un taladro en toda su vida es de 10 a 13 minutos. Es el tipo de objeto que podemos compartir entre varios o si lo requerimos, proponer un “trueque” con alguien que lo tenga y ya que no lo utilicemos, cambiárselo a alguien más. Existen compañías hoy en día que se dedican al intercambio de bienes, a conectar gente que comparta su auto, a contactar personas que rentan su casa a viajeros. Éstos son ejemplos de consumo colaborativo. En tiempos en los que tal vez ni siquera conozcamos a nuestros vecinos, éste tipo de intercambio nos acerca a la gente y nos enseña a volver a confiar en los demás.

El ciudadano sostenible además aprovecha algún rincón de su casa, para cosechar sus propias hortalizas; separa la basura y utiliza los residuos orgánicos en beneficio de su pequeño huerto; se preocupa por el ahorro de energía y evita desperdiciar el agua; evita utilizar el auto y apuesta por la bicicleta o el transporte público.

Está en nuestras manos no seguirle el juego a las grandes corporaciones. Seamos ciudadanos sostenibles. 

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