Ciclos de la Vida.

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Ciclos de la Vida.

Bosque de Bonsai natural en Lago Huechulafquen. Neuquén. Argentina.

Imagina un lago, quizás al atardecer, imagina el arrebol de las nubes que se imprime perfecto sobre el agua serena, imagina que unos pocos peces saltan tratando de capturar unas pocas luciérnagas que vuelan al ras… La vida es como esa superficie, que se va llenando de círculos de expansión cada vez más efímeros, que se interrelacionan generando una nueva corriente y tal vez logramos ver donde comienzan pero nunca sabemos muy bien donde terminan, bueno, imagina que esa imagen es la vida.



Constantemente nos van sucediendo cosas que generan ciclos, que se interrelacionan, empiezan enérgicos y pareciera que duran toda la vida, pero a poco ya se diluyen en la inmensidad del lago, y se enredan con otros, con otros y otros y sencillamente así es la vida, así (debiera ser) es el natural fluir de la vida. Ahora bien, sucede que a veces uno de esos ciclos nos moviliza con mayor intensidad que otros y pareciera que nos quedamos encerrados en él y esa onda expansiva afecta a todo lo que siga sucediendo, es ahí cuando inconscientemente alteramos la fluidez y nos anclamos al ciclo, que termina afectando a todos los ciclos venideros.

Las cosas que nos suceden en la vida, las relaciones que por diversidad de hechos se acaban, las cosas que momentáneamente nos pertenecen, los sueños que nos marcan un camino quizás truncado, en fin, el compilado de vivencias que nos movilizan sentimientos y accionan emociones, son ciclos que pueden quedarse idealizados en nosotros truncando nuestro presente, dejándonos apegados a algo que ya no es, que nos enferma el alma y nos aleja de la paz. Con esto no quiero decir que haya que olvidar nuestro pasado, es más, es nuestro pasado el responsable de lo que somos y de nuestra evolución, recordar lo que nos pasó como si fuera una anécdota, que nos dejó un crecimiento, así se trate de la pérdida de un ser querido, quedarnos con el recuerdo de lo bueno que fue tenerlo cerca en su momento, es haber dejado que el ciclo se funda en nuestra vida mientras nuevos ciclos suceden y fluimos con ellos. Pero tratar de olvidar, tratar de sentirnos ajenos a lo que nos pasó, es condensarlo y guardarlo en nuestra garganta como un bocado que no podemos tragar y que tendremos ahí, afectando cada instante de nuestra vida.

Siempre tenemos la posibilidad de mirar, no solo hacia adentro, sino también a nuestro alrededor y ver esos ciclos que aún nos encierran, abramos las puertas para seguir adelante, recordando el pasado como una anécdota, aprendiendo de lo vivido lo más esencial, y consigamos paz y consuelo, para arrancar un nuevo ciclo cargado de emociones positivas, navegando por un lago armónico y sereno.

Buena vida.

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