Cambiando nuestra perspectiva para mantener la paz interior

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Cambiando nuestra perspectiva para mantener la paz interior
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El estrés emocional puede producirnos severas consecuencias a nivel físico, además de tener un fuerte impacto negativo en nuestra calidad de vida. ¿Cómo podemos sentirnos mejor cuando el mundo parece estar en nuestra contra? ¿O cuando todo se encuentra de cabeza y nada ni nadie está a nuestro favor? Ciertamente poner al mundo de pie y convencerlo para que esté de nuestro lado no es ninguna tarea sencilla y, por lo pronto, ni siquiera posible; sin embargo, lo que sí es sencillo es tomar acción con lo que sí se encuentra a nuestro alcance. Y todo esto comienza, no con el mundo mismo, sino con nuestra visión de él.


Tus creencias crearán tus experiencias. ¿A qué me refiero con esto? Pensemos en un día frío, nublado y lluvioso. Si este clima es de tu agrado, cuando despiertes pensarás "¡Qué bello día!". Por el contrario, si prefieres un clima cálido y disfrutas de un cielo despejado, uno de tus primeros pensamientos podría ser: "¡Qué día tan horrible!". Sin embargo, no es que el día en sí mismo sea particularmente desagradable o placentero; simplemente es un día húmedo. En nuestra percepción estará la forma de vivir ese día, ya sea que lo celebremos, lo critiquemos o simplemente lo aceptemos y hagamos lo que se hace en un día húmedo. Lo que elijamos creer se traducirá en una serie de emociones y sentimientos que se volverán una realidad para nosotros. 

Regresando al tema del estrés emocional, si nos convencemos de que el mundo está en contra de nosotros, así será; pero no solo eso, sino que nos habremos auto-nombrado víctimas. Revisemos el primer significado que la Real Academia Española ofrece de esta palabra: "Persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio". 

Es decir,  que cuando inconscientemente te auto-nombras "víctima", estás decretando que estás destinado al fracaso y que no hay absolutamente nada que puedas hacer para poder cambiar tu fatal destino que nada tiene que ver contigo, pues te encuentras a la deriva del agitado mar de las decisiones de otros. Cuando asumes el rol de víctima niegas tu responsabilidad en lo que está sucediendo, y esto puede traer una vaga sensación de comodidad e incluso de seguridad, pero recuerda que al anular tu responsabilidad, automáticamente anulas tu poder. En ti está el poder de volverte o no, una víctima de un día lluvioso. O caluroso.

¿Te estoy culpando de lo que te pasa? ¡Por supuesto que no! Esto no se trata de culpar a nadie. Lo importante aquí es asumir tu responsabilidad y hacer con ella, con tu poder y tu libre albedrío, lo que más paz traiga a tu interior. Es un hecho que somos seres interdependientes, y esto implica que estamos conectados y que nos afectan las decisiones de los demás.  Tu parte no es asegurarte de que las decisiones de los otros sean "las mejores", tu único papel consiste en construir TU mejor realidad posible desde el lugar en el que te encuentras. No son las acciones "imperdonables" o "dolorosas" de los demás las que nos roban nuestra paz y nuestra alegría, sino el significado que le atribuimos a éstas. Esto no quiere decir que tengamos que "tolerar" acciones o palabras que no nos hagan sentir bien, pero sí podemos elegir nuestros límites y elegir no encadenarnos a personas, eventos o experiencias pasadas ni presentes. Podemos elegir disfrutar el día de hoy y vivirlo lo mejor posible, sin posponer la felicidad y dejarla para un futuro imaginario, pues lo único que realmente existe es un perpetuo momento presente, que a su vez construirá un futuro que eventualmente se convertirá en otro instante del día de hoy. 

En ti está procurar, cultivar y gozar tu propio bienestar; teniendo en consideración que tus pensamientos y elecciones impactarán de algún modo a los demás, pero recordando siempre que no recae en ti el bienestar emocional de éstos.

¡Usa tu poder!






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