Atreviéndome a "no ser yo"

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Atreviéndome a "no ser yo"
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Era febrero del 2005. La presión de mi familia para terminar mi tesis de licenciatura aunado a la presión de otras tantas luchas abrumadoras personales relacionados con el propósito de mi vida, mi dignidad, el sentido de pertenencia a un lugar, la familia, el tiempo y el espacio llegaron a un punto insoportable. Terminé mis estudios de licenciatura oficialmente en diciembre de 2004. Sin embargo, debido a que elegí hacer investigación como requisito de graduación, me estaba tomando más tiempo del esperado para graduarme de la licenciatura.

La presión era abrumadora. Sólo quería escapar, desaparecer, ir tan lejos como fuera posible del lugar en el que sentí que no pertenecía, lejos de la familia que acababa de convertirse en un grupo de desconocidos viviendo  en la misma casa y lejos de la sociedad que estaba tratando de encarcelarme en su conjunto de reglas sin sentido, reglas que iban totalmente en contra mi propia naturaleza. Esas reglas de la sociedad estaban enfermándome, me hacían dudar de mí misma, de mi conocimiento de mi misma y de la misión que tenía que seguir en mi vida. Me estaba consumiendo en tal sufrimiento que sólo funcionaba en un modo automático para el único propósito de terminar mi licenciatura, que en ese momento, pensé que era el único que tenía, mi única posesión y la única cosa que podría ayudarme a sobrevivir en el futuro. La educación era el único medio que me daba algún sentido y propósito, no sólo porque me gustaba estudiar, sino porque mi padre me había enseñado que la educación era la única manera de mantener la independencia. Mi padre dijo algo que nunca olvidaré, me dijo "Termina tu licenciatura, ten una carrera, para que así no depender de un hombre". Me dijo eso tantas veces desde que era pequeña, que he usado esas palabras como un mantra. ¡No debería depender de nadie!

Dado que la ola de autodestrucción se estaba expandiendo más allá de mis propios límites y yo no sólo me estaba destruyendo a mí misma, sino a todo todos a mi alrededor, decidí poner un ultimátum y tomar medidas muy extremas. Por medidas extremas quiero decir que decidí hacer algo que normalmente no haría. Me decidí a ir muy lejos con mis únicas armas, mi conocimiento, mi educación, mi trabajo arduo, los cientos de horas empleadas en el cultivo de mí misma como un joven curiosa en la investigación, cientos de horas dedicadas a los deportes y las artes, todo eso aunado al fuerte deseo de irme lo más lejos posible del lugar en el que ya no podía funcionar más, del lugar en el que ya no podía salir a la calle sin hacer frente a los insultos, rechazo, incomprensión y especialmente, el lugar que me hacía sentir propiedad pública debido a la falta de respeto y el acoso que experimentaba día a día sólo por el hecho de haber nacido mujer.

En el primer semestre del 2005 decidí a rendirme. Busqué una manera de utilizar mis armas para escapar teniendo en mi mente que esta sería la única oportunidad que me daría a mí misma. ¡La última oportunidad! Estaba tan cansada de todo y de ir contra corriente desde el día en que nací porque cada día era una lucha constante contra las expectativas de la familia y la sociedad que simplemente ya no podía enfrentar. Preparé mi CV, pedí a mis maestros unas cartas de recomendación. Mis maestros que yo consideraba mis únicos buenos amigos en ese momento y las únicas personas con las que podía comunicarme libremente sin ser juzgada y las personas que me motivaron a seguir siendo diferente y seguir mis metas, ellos me ayudaron y apoyaron mucho. Presenté una solicitud para una beca internacional otorgada por el gobierno de Belice para estudiar inglés por un año en la Universidad de Belice. Me darían la respuesta a mi solicitud en un mes. Ese semestre fue particularmente difícil ya que no tenía el apoyo de mi familia para terminar mis estudios. Ellos me estaban presionando para terminar, por lo que me limitaron económicamente para viajar de mi ciudad natal a la Ciudad de México para continuar con mi trabajo de investigación en la Universidad. Mi padre dejó muy claro que no iba a darme dinero si seguía con la loca idea de ir al extranjero para estudiar. Más tarde, comprendí que sus intenciones no eran malas, él sabía desde que yo era muy joven, que el momento en el que me saliera yo del país iba a ser la última vez que él me iba a ver. No estaba equivocado. Esa fue la razón por la que mi padre quería mantenerme en México y que fue la razón por la que me dijo que incluso estaba dispuesto pagar por el curso de inglés en México para que no me fuera a Belice. Por supuesto, en ese momento no pude revelar completamente todas las razones detrás de mi deseo de escapar del país porque mi familia era una de las razones principales por las que tuve que salir, y eso habría devastado mi padre. Simplemente continué con el plan por mi propia cuenta. Durante ese tiempo, y debido a la presión financiera, tuve que conseguir un trabajo de medio tiempo para ahorrar el dinero suficiente en caso que mi solicitud fuese exitosa. Tenía que estar preparada para irme con mis propios medios hasta recibir la beca en el territorio beliceño.

El único lugar donde pude conseguir un trabajo que me permitiera continuar con mi tesis de licenciatura fue en una compañía de seguros en donde trabajaba jornadas de 15:00 a 21:30. Ese lugar ha sido hasta ahora el peor lugar en donde he tenido que trabajar. Mi jefe era un misógino cuya conversación durante todo el día era acerca de cómo le gustaba humillar y usar a las mujeres, cosa que yo tenía que escucharla todos los días. Nunca me he sentido tan humillada al estar en un ambiente de trabajo como aquel y tuve que aguantar escuchar a ese tipo porque necesitaba el trabajo, y necesitaba ese trabajo precisamente para irme lejos de la gente como él. También fue un recordatorio para mí luchar, lo que decidí que iba a ser mi última pelea.

Ya era de julio de 2005 y estaba esperando desesperadamente por la respuesta a mi solicitud. La gente de la embajada de Belice en México habían llamado y mi madre tomó la llamada. Al día siguiente me llamé de vuelta a la embajada. Estaba temblando, estaba triste, desesperada. Yo sabía muy dentro de mí que la respuesta podría significar mi salvación o mi destrucción. Ellos me dijeron que fui uno de los 18 estudiantes en todo el país que fueron seleccionados para tomar el curso de inglés en la Universidad de Belice. Me controlé para hablar con ellos y tan pronto como colgué el teléfono, me desplomé en lágrimas de alegría y alivio porque se me había dado la oportunidad de vivir, de intentar algo nuevo, de volver a nacer.

Puesto que el dinero era una limitación, sólo pude obtener mi pasaporte por un año y compre un billete sencillo de autobús desde mi ciudad natal a Cancún, un viaje que tomaría aproximadamente 22 horas. No me importó el tiempo, yo iba a estar en camino hacia mi libertad.

La parte más importante de este viaje es que lo tomé como una oportunidad para “no ser yo”. Durante todo el viaje en autobús, me preparé para “no ser yo”. Mi comportamiento estaba muy contaminado, era tóxico, peligroso e inhumano debido a los mecanismos de defensa que desarrollé a una edad joven para sobrevivir en un ambiente hostil, yo sabía que tenía que empezar desde una nueva perspectiva. Tenía que dejar de ser “yo”, el viejo yo, el yo dañado que no podían relacionarse con la gente. Tenía 22 años de edad. Durante esas largas horas en el autobús, me dije a mí misma "Dalinda, nunca sonríes, la gente te tiene miedo. A partir de ahora, vas a sonreír, incluso si no entiendes la broma. Va a sonreír cuando la gente diga hola. Saludaras de mano cuando la gente te de la mano. Vas a decir gracias. Vas a decir por favor. Vas a ver a las personas como amigos, no como enemigos. Vas a sonreír todos los días sin ninguna razón aparente". Me dejé bien claro a mí misma que no tenía que llorar más, que me iba a otro país en donde nadie me conocía y que tenía la gran oportunidad de “no ser yo". Me dije: "Dalinda, vas a ser feliz en Belice".

Desde el primer momento que puse los pies en el país, tomé la intención de "no ser yo" muy seriamente. Me atreví a hablar un poco de inglés. Nadie me entendía por supuesto, pero en lugar de sentirme frustrada y asustada, me dediqué a "no ser yo" y no me importó que la gente no me entendiera porque iba a Belice para aprender inglés.

Dado que no me pude comunicar con la gente, no podía saber cuánto tiempo iba a tomar para llegar a la capital, Belmopán. Era mi primera vez viajando sola en otro país, yo no tenía idea de nada, pero en vez de preocuparme, decidir "no ser yo". Sólo tenía muy claro en mi mente que tarde o temprano iba a llegar a mi destino. Pasé Corozal, Orange Walk, Ladyville, Belice City. Como decidí "no ser yo", simplemente me concentré en la carretera mirando a través de la ventana de los autobuses Nobelo que ya no existe en estos tiempos. Estaba disfrutando mucho, vi a la gente, los paisajes, los aromas de la comida, escuché cómo hablaban el uno al otro a pesar de que yo no entendía nada. Recuerdo sonreír a la gente en el autobús, ¿por qué?, porque decidí "no ser yo", así que tuve que sonreír. Sonreír fue la parte más difícil de la cruzada del "no ser yo", por lo que cada vez que lo hacía, me dolían los músculos y tenía la idea de que yo no sabía cómo sonreír correctamente. Se sentía tan raro, pero mi determinación era más fuerte que cualquier otra cosa que simplemente decidí seguir. Esta era una cuestión de vida o muerte y que me entregue por completo a empezar todo de nuevo y enfrentar las cosas de un modo en que normalmente no lo haría. Yo estaba en otro país para rescatarme a mí misma, a mi vida, cosa que sólo podía hacer si me comprometía a cambiar el patrón y los mecanismos de defensa que había estado utilizando hasta ese momento. Yo decidí que ya no había necesidad de defenderme porque estaba lejos de la fuente de todas mis peleas.

Eran las 18:00 de la tarde del 22 de agosto del 2005. Por fin, llegué a Belmopan. Un chico del autobús Nobelo me ayudó a bajar mis maletas del autobús. Me quedé allí durante un par de minutos, inmóvil. Mientras estaba en el medio de la estación de autobuses casi desierta, sólo miré alrededor luego miré a mis dos maletas. Una de esas maletas la había comprado con mucho sacrificio porque no tenía suficiente dinero. Esa maleta me costó el equivalente a 2 dólares estadounidenses y esa vieja maleta siguen llevando mis pocas pertenencias durante mí recorrido en el mundo hasta el día de hoy.

Saqué un pedazo de papel en el que anoté el nombre y la dirección de un hotel en donde planeaba quedarme. Mostré el papel a un taxista, él leyó "El Rey Inn", y respondió: "Lo siento, pero no sé dónde está". Estaba oscureciendo. Mientras sostenía el papel entre mis manos, mirando la información que escribí, repentinamente levanté la mirada y me di cuenta de que dos chicos me estaban mirando. Una vez más, decidí "no ser yo" y me acerqué a ellos sin dudarlo. Les pregunté "¿Hablan español?" Y ellos dijeron: "Si". ¡Yo estaba tan feliz! Empecé a hablar con ellos en español y les pregunté si sabían en dónde estaba el hotel porque yo era un estudiante nuevo en la universidad, que acaban de llegar de México y necesitaba un lugar para pasar la noche.

Me dijeron que ellos eran también nuevos estudiantes de la universidad, que venían del distrito norte del país, de la zona más cercana a México. Llegaron desde Corozal por lo que no conocían Belmopan muy bien. Guardé silencio por un momento tratando de pensar en lo que debía hacer. De repente, uno de ellos dijo "somos 5 chicos que nos alojamos en una casa, todos somos estudiantes de la universidad, hay una habitación vacía en la casa,  y si lo deseas, puedes pasar la noche allí. Pero somos 5 chicos en la casa". Yo estaba muy sorprendida por lo que estaba escuchando, alguien, un desconocido estaba siendo amable y generoso. No lo podía creer. Les sonreí porque yo estaba tratando "de no ser yo". También les dí las gracias y le dije que aceptaba su oferta. Me ayudaron a poner mis 2 maletas en el taxi y nos dirigimos a la calle Orange Street. Les pregunté sus nombres, a lo que respondieron Ever y Glen. Hicieron hincapié en que la casa estaba llena de chicos. Eso no fue un problema, chicos o chicas, para mí en ese momento los dos eran igualmente de asquerosos en términos de comportamiento y valores. Sin embargo, desde que decidí "a no ser yo", también bloqueé esos pensamientos negativos y estaba abierta a la novedad y a una nueva forma de pensar. Yo no conocía a los chicos así que no había espacio para el pre-juicio o cualquier otro tipo de pensamiento negativo acerca de la situación. Llegamos a la calle Orange Street. Las luces de la casa estaban encendidas. Ever y Glen anunciaron que trajeron a una chica mexicana que iba a pasar la noche en la habitación vacía, entré a la casa justo detrás de ellos y lo primero que vi  fue a un tipo delgado que me recibió con una gran sonrisa. Dijo "Hola, soy Marvin". Le di una mano, sonreí y dije: "Hola Marrrrrvin", con un acento muy fuerte en español, “soy Dalinda". También me conocí a Luis y a Maynor. Me mostraron mi habitación. Cenamos juntos. Hablamos, nos reímos. Fue la primera vez en muchos años en que me senté a la mesa disfrutando de la comida y hablando con la gente al mismo tiempo. Fue una sensación increíble y ese pasó de ser “un día de estancia” a “un año de estancia” en la casa de Orange Street.

Ese fue el primer día de mi viaje para "no ser yo". Más tarde voy a hablar más sobre mi experiencia en Belice. Sin embargo, lo que quiero resaltar en este post es el inmenso beneficio que he obtuve por atreverme "a no ser yo". La vida me puso en una situación tan difícil que no me dejó muchas opciones más que rendirme, escapar y atreverme "a no ser yo" con el fin de cambiar mi vida, para transformar mis viejos patrones y mecanismos de defensa y en especial, la vida me dio la oportunidad de darme la oportunidad a mí misma para vivir. La tomé y muy en serio. Y esa ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Sólo para darles un adelanto de lo que ocurrió a casi más de 10 años desde mi primer día en Belice, Marvin sigue siendo parte de mi vida y es de mis mejores amigos cuya conexión no he perdido. Mi amigo Marvin del cual hablaré más adelante, una historia de amistad que tiene que ser contada en otro día y en otro momento.


Atrévete a "no ser tu". Ese es el primer paso para un cambio positivo.

Escrito por Dalinda Sánchez
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